Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Cambios Anormales

UNO. Más que influencias climatológicas sobre el comportamiento de seres humanos, que sin tela de dudas las hay; más que eso, influyen conductas de la persona o grupo entre convecinos. Nada tocante al fluir de Heráclito.

DOS. Se diría que ello es tan natural como el aire que respiramos, también con alto grado de contaminantes.

TRES. Pero entre el daño que haría el aire y aquél o aquéllos que provocan conductas humanas, hay diferencias radicales, como del cielo a la tierra.

CUATRO. Cierto que de finales de los años setenta vimos aguantando al ecosistema, por efectos de la lluvia ácida, invisible pero perceptible; lluvia que sube y baja a causa de actividad petrolera.

CINCO. Los seres vivos resentimos cambios, si bien cada organismo ha podido asimilarlos de buen grado, poco a poco.

SEIS. Así   hubo de ser, con el antecedente de varias décadas.

SIETE. Ah, que frutales como el cacao quedaron en la cosecha de añoranzas y granos amargos.

OCHO. Lo que antes fue tongas en cada corte y ciclo, este último del año resultó en la cuarta parte del anterior, restado a precio ridículo.

NUEVE. Sobra repetir que todas las asociaciones cacaoteras desaparecieron, fueron rematadas o están de plano en ruinas como el caso, a ojos vistas, de la chocolatera de Cárdenas, Tabasco.

DIEZ.  Lo que haya tenido qué ver la contaminación ambiental, no aparece, para su análisis, tendido en alguna oficina.

ONCE. Pero, con todo, Pemex tiene de humano y natural una proporción no fácil de medirse ni pesarse, a través del tiempo.

DOCE. Además, no sólo Pemex y la naturaleza han contribuido a cambios extraordinarios.

TRECE. Por sobre todo, las mismas conductas del hombre alteran relaciones humanas, al punto de calificarse de anormales.

CATORCE. Y se ve a diario que se trata de cambios de conducta que, en alto grado, carga la comunidad.

QUINCE. Nadie puede sentirse ajeno ni libre de tales cambios.

DIECISEIS. Causas suelen ser perdidizas en generalidades.

DIECIETE.  Pero esos cambios, de ninguna suerte, tienen que mirarse como normales.

DIECOCHO. Son, de hecho, anormales y de repente devienen en ser irreparables, donde, con frecuencia, aparece el ejecutado, pero no ejecutantes.

DIECINUEVE. Algo puede hacerse, desde luego que sí; como digamos, pensando las cosas, el poner orden desde la casa.

VEINTE. Esto debido, por cierto, a que desde el seno familiar aparecen fermentos de tales cambios anormales y, por tanto, ignorarlos nos pone, en cualquier momento, de “Cachete, pechito y ombligo” ante  la buena puntería de una bala perdida.

COMPARTE ESTA NOTA