Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

¿Causas Desaparecidas?

UNO. Interrogantes, no se apuntalan a orillas del escepticismo. La pequeña pausa, vale. Entre nada y algo, pues de preferencia algo, que podría hacer papel de la cristiana semilla de mostaza, con tal que “las causas de lo causado” no mueran a tanto golpe y porrazo. ¿Me explico?

DOS. Ningún suelo es tan parejo como para no encontrar, entre planos, subidas y bajadas, terrones a la redonda.

TRES. Sucesos de cualquier ancho o largo, nacen de raíces traducidas en causas que ay de aquellos que las minimicen. Las consecuencias podrían acumularse y causas desaparecer, como el número, por miles, de  muertes invisibles. ¿Me explico?

CUATRO. Desaparecidas las causas, ganan las consecuencias y, por triste ejemplo, pierden y merman valores como el relativo a la seguridad pública.

CINCO. El valor de la seguridad pública compete, en su justa proporción, a autoridades, ciudadano, uno por uno, y familias.

SEIS. Parte a parte involucradas, con los cinco sentidos, para dejar de hacerse guaje en espera de que autoridades, por si solas, vigilen y aprehendan causas y consecuencias, mientras que otras partes, persona y familias, en casos concretos, nada más tiendan a cruzarse de brazos, exigiendo servicios de primera sin jalar, por lo menos, la segunda.

SIETE. Cabos sueltos para nada contribuyen a localizar causas a fin de actuar de inmediato, si, por el contrario, dan lugar a dispersiones que se devuelven en contra de todos.

OCHO. Por ende, urge tomar providencias, sin aplazamientos, para no seguir en las mismas y que han devenido en generalizar ante hechos dados de momento a momento.

NUEVE. Bajo pena de que, si las causas siguen tratadas cual irrealidades desaparecidas, temas de vital importancia como el de la seguridad pública pasan, de continuo, a segundo término.

DIEZ. Sin prejuzgar, ha sido evidente el estado de confusión que, quitados de la pena, compartimos.

ONCE. El tema de las causas, en realidad, es mirado con el rabillo del ojo.

DOCE. Resulta lógico que, si hiciéramos, de pronto, ejercicio de su localización, poco entreveríamos en el horizonte.

TRECE. Pero si ello dejara de maquillarse, las causas, por muy dolorosas, dejarían de estar, una tras otra, escondidas.

CATORCE. Esto de apelmazarlas, sin ton ni son, ha parecido lo más cómodo del mundo.

QUINCE. Nada más que esa comodidad es de dientes para afuera.

DIECISEIS. O, lo que es igual, por encimita y, por tanto, rehuyendo, despistados, al meollo del asunto.

DIECISIETE. Pero el asunto no es ve vaguedades.

DIECIOCHO. Es de casos concretos que ocurren de ordinario, encontrando a ejecutados no a ejecutantes.

DIECINUEVE. Casos que nos apergollan con mil tentáculos.

VEINTE. Y que, tratando a las causas como desaparecidas, consecuencias seguirán presumiendo inocentes a malhechores consumados y culpables a ciudadanos y autoridades.

 

COMPARTE ESTA NOTA