Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Compartir Diferencias

UNO. Compartir diferencias es arte de vida, hacia todos sentidos y contextos en que vaya o se halle la persona o autoridad. Sin pedir, desde luego, peras al almo. Salvo casos de excepción que obligan a pintar raya.

DOS. Como tal, habrá que respetar reglas de una parte y de otra. Hacer del yo, nosotros, sin descubrir el hilo negro, aunque, a la ligera, todo se tenga por sabido, sin pensar tantito, a estilo y sudores de cada cual.

TRES. De forma cotidiana escuchamos, desde la infancia, que en el pedir está el dar. Pero escuchar no es verbo prestado a frivolidades.

CUATRO. Diferencias son normales, si bien no siempre se les da la más cordial bienvenida. Todos al mismo molde, sería una disonancia empalagosa.

CINCO. Reacciones son naturales y humanas, pero, más que nada, predisponerse en un abrir y cerrar de bocas puede resultar grave, fuera de control.

SEIS. Escuchar debía ser, por excelencia, verbo conjugado de continuo a partir de dos personas, y de ahí para adelante.

SIETE. Quien habla primero debe ir, aparejado, a quien escucha primero, no segundo.

OCHO. Escuchar es pensar, en toda la extensión de la palabra, pero ello pide no presentarse cargado de prejuicios.

NUEVE. Prejuicios en nada abonan al juicio y, por el contrario, empequeñecen y tiran por la borda al más encumbrado.

DIEZ. El ambiente social está embarazado de imágenes en movimiento, por quítame allá estas pajas.

ONCE. Las imágenes, en cuerpo y alma, circulan a sinfín de destinatarios.

DOCE. Estos no pueden sustraerse a cuanto está ocurriendo.

TRECE. Y lo que está ocurriendo, hoy por hoy, carga más peso que contenido.

CATORCE. Como sea, la reincidencia de casos influye en comportamientos para bien o para mal.

QUINCE. No está mal, de momento, a condición de no perder los estribos en lo que decimos o suele llegar a nuestros oídos.

DIECISEIS. No es pedir demasiado, ni dar a nuestras capacidades puntos menos que indiferencia.

DIECISIETE. No es el tiempo. Son las personas, quienes conformamos el conglomerado social.

DIECIOHO. Es que hay de por medio niños que nunca han sido, nos consta, loritos sordos.

DIECINUEVE. Niños que van creciendo, si se puede, a nuestra imagen y semejanza.

VEINTE. Y si en este maremágnum, los mayores, incluso autoridades mismas, no damos el ejemplo de que las diferencias deben compartirse, vaya legado que estamos dejando a quienes nos sucedan, partiendo, desentendidos, callejones frustrados, a expensas de una vida polarizada y de creciente riesgo en contra de quien se atraviese.

 

 

 

 

 

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