Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Cosillas de Diciembre

UNO. Recuerdos no se olvidan, leídos a carta cabal, ni porque pasen años desde la niñez a la tercera y última edad; ésta, pues, depositaria simbólica de “viejos tiempos”.

DOS. De manera que recuerdos tienden a sumar, por veces, puntadas de la persona que los hacen anecdotario.

TRES. Sucede que, si algunos recuerdos fueron al momento amargos, el tiempo parece endulzarlos mediante sabores que motivan carcajadas a mandíbulas parejas.

CUATRO. Toda persona está dotada de memoria por composición natural y espiritual, que de tal forma puede concebirse al sujeto hecho o mal hecho.

CINCO. Es decir, normal dentro de lo aceptable en las relaciones humanas que, de una u otra forma, suelen practicarse.

SEIS. Cierto que de niño a niño puede haber contrastes por las facilidades, dificultades e indiferencia con que cada uno capte habituales sucesos.

SIETE. Habrá algunos quienes pasan casos desapercibidos que en otros quedan grabados de por vida.

OCHO. Te acuerdas de, dirá uno respecto a experiencias que pudieron haberse compartido. Y el oyente, como si nada. ¿O no es por veces así?

NUEVE. Hay niños y grandes que gozan de memoria privilegiada, sobre todo por el énfasis que imprimen a sus recuerdos, desde luego sin fantasear el asunto.

DIEZ. Ello no entraña vivir menos o vivir más años, sino dar testimonio de la capacidad receptora individual.

ONCE. Estar en la adolescencia y no tener datos frescos de la niñez, claro que puede suceder, sobre todo ahora en que tiende a confundirse memoria de la computadora con la de la persona misma. Ello, “sin agraviar lo presente” y menos a la Inteligencia Artificial.

DOCE. Entre pláticas y pláticas, compartidas, la memoria juega un papel de primera línea.

TRECE. Y no se trata de ver encarnado a un García Márquez en quien cuenta una y mil veces cierto hecho ocurrido décadas atrás, siempre con lujo de detalles y sin caer un ápice en falsedades viciadas de ligerezas.

CATORCE. La memoria presencial, en efecto, cuenta de la vida como haya sido, es y aproximará en el porvenir.

QUINCE. Así de rica se nos presenta, quedando en el individuo aprovecharla o dejarla en rinconeras olvidadizas.

DIECISEIS. Los años, luego entonces, pueden o no tener el respaldo de la memoria o vacíos de la desmemoria.

DIECIOCHO. Es el ser humano quien elige, por riesgo propio, a su albedrío.

DIECINUEVE. A condición de relacionar, en efecto, el momento de elección y el potencial del albedrio.

VEINTE. Ahí es donde la memoria se convierte en tonificante de la vida, o la desmemoria lleva el papel paradójico de estar, de plano, muerto en vida, esto es en el panteón donde reposan sinfín de almas.

COMPARTE ESTA NOTA