Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Desorden Contaminante

UNO. No hay sentido humano ni personas a quienes no contamine este galopante desorden que, en complicidad, agrega además desvaríos al sentido común. Contaminar trae consigo ofuscaciones directas e indirectas.

DOS. Basta aguzar tantito la vista para ir tomando nota de lo que trae consigo el rebumbio entre ires y venires.

TRES. Oídos sufren el desorden a pequeña y gran escala, del más grave estruendo al agudo chillido.

CUATRO. Lo siente el organismo por fuera y a lo más hondo de su composición.

SEIS. Transmite el desorden olores al aspirar y exhalar, de momento a momento.

SIETE. Tiende a provocar agruras en la misma voluntad, por mucha defensa que haya para asimilar lo que de continuo ocurre.

OCHO. El sentido común tambalea, y la experiencia ofrece pruebas de dar la bienvenida -al desorden- a nivel creciente.

NUEVE. Lo que se llama entorno llega a contaminarse a tal punto que parecemos con frecuencia  llevar la vida por la tangente, muy quitados de la pena.

DIEZ.  Cierto que la misma costumbre gana su peso a tanto dale que dale.

ONCE. Así compartido el desorden, tiende, por  lo general, a ser pretexto que de ningún modo libera de culpas.

DOCE. Seguir culpando al pasado equivale a petrificarse, al tiempo de fregar manos con lavativas para no tomar medidas oportunas sobre hechos ocurriendo.

TRECE. El ambiente social, lamentarse nada vale, está contaminándose cada día más.

CATORCE. Pensar que el organismo debe adaptarse a  cuanto vaya y venga, es tanto más que hacerse de la vista cansada.

QUINCE. En Tabasco,  de varios años para acá, el desorden pareciera haber echado raíces, ejerciendo dominio sobre el conjunto social.

DIECISEIS. La algazara de vehículos y caminantes no rinde buenas cuentas de lo que por lógica es el progreso.

DIECISIETE. Quienes se fueron echando pestes contra la tierra de nacimiento y hablan maravillas de su nueva capilla, no vuelvan ni de visita y con su hostia se santigüen.

DIECIOCHO. Pero quienes nos quedamos tenemos a la vez que revisar en mucho lo que nos falta por cuenta propia.

DIECINUEVE. Y dentro de lo mucho, entre todos, se trata de la contribución personal por atacar, en serio y sin demora, este desorden que sigue en aumento, contaminando pulmones de  conductas más allá de lo que hace la misma lluvia ácida.

VEINTE. Maneras de hacerlo son múltiples, sin atenerse nadie a que órganos de gobierno tomen la iniciativa, dado que cuando éstos  hacen el mínimo intento, con la ley en la mano, no faltan bravucones alzando la voz llamándose oprimidos al par que tildar autoridades de opresoras.Desirde

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