UNO. Octavio Paz pudo constatar que aquellas concelebraciones entrañables de quitarse la máscara el quince de septiembre o dos de noviembre, se volvió fiesta de todos los santos, casi todos los días. Lo que ocurre ahora, pongamos, con el mundial de fútbol y, por qué no, los anticipados festejos de ciclo escolar, no puede ser echado en harina de otro costal.
DOS. La metáfora persiste, aumentada, sin la más leve corrección.
TRES. En qué evento la máscara se hace más patente, no es ir tan lejos ni tanto aquello de espulgar pelo por pelo.
CUATRO. Cada temporada revela máscara propia, con sus pros y contras respectivos.
CINCO. Pros menudean a lo grande, y costras parecen no ocupar un lugar, encimadas.
SEIS. Hagamos hincapié, oh, en las conmemoraciones de cierre de ciclo escolar.
SIETE. Son fiestas que convocan a padres de familia, niños, maestros, padrinos, autoridades y aspirantes a cargos de elección popular.
OCHO. No se improvisan, y en ellas, si, nadie escatima gastos repartidos en diplomas, carpetas, invitaciones, sonido, salón, zapatos, vestido, regalo para cada niño (a nadie se le antoje un libro) etcétera.
NUEVE. Padre o madre bailan con su hija o hijo, desbordando alegrías que tampoco tienen por qué echarse en saco roto.
DIEZ. Escenarios lucen de primer mundo, adornados de luces palpitantes y colores variados.
ONCE. Sin dar vuelo a la hilacha, tengamos por seguro que, si la prueba PISA hiciera acto de presencia en una de las fiestas escolares de estas fechas, no colocaría ninguna tacha en calificar a la educación con notas de excelencia, a título gratuito.
DOCE. Cuanto menos, que la misma Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, vacilara en escatimar mención honorífica a ciertas cuauhtemiñas didácticas dentro o fuera de la cámara de diputados.
TRECE. Lo que va mucho en serio, cuando vemos emociones salidas de quicio, de que formamos parte, sobre todo por eventos como el mundial de fútbol o las fiestas escolares previas a finales de ciclo, no para caer en descalificarlas ante la realidad que quita máscaras a mayores y menores.
CATORCE. No es para poner en tela de dudas, amodorradas, que la base del progreso, en todos sentidos, vive en la educación.
QUINCE. Pero ésta debe cumplir, sin demoras, enseñando puntualidad y asistencia.
DIECISEIS. Dos elementos que jamás deberían tomarse como rinconeras del pasado.
DIECISIETE. Por el contrario, darles vigencia de presente histórico.
DIECIOCHO. Sentir que estamos de fiesta luego de tantas inasistencias, no cubre faltas precedentes.
DIECINUEVE. Con probaditas de emociones, aún compartidas, no acreditamos verdadero aprendizaje.
VEINTE. Hacer fiestas de la educación, compromete a maestros, padres, autoridades y educando, pero en serio y a justo tiempo.