Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Lo que Viene de Casa

UNO. No es gracia de ningún teatro el hecho de que bienes y males proceden de casa. Pero si todo mundo lo sabe. Cosa que, por lo mirado, no basta.

DOS. Todo mundo lo sabe. Los integrantes del hogar, de padres a hijos, en efecto, están enterados.

TRES. Pero una es saberlo y otra compartir responsabilidades entre los miembros del hogar.

CUATRO. Compartirlas, si, sin aspirar a que todo se dé a pedir de boca.

CINCO. Lo que se dice hay que hacerlo. Si papá hace lo suyo. Si mamá también. Si cada hijo, según su edad, forma parte de los deberes domésticos. Si ello ocurre, mejor que mejor, sin bajar la guardia.

SEIS. Por un solo día en que hablen padres e hijos, no llegarán resultados inmediatos.

SIETE. Guías de primer orden son papá y mama. Pero la “y” griega aquí significa el compromiso de afirmar la decisión que cada uno tome en un momento dado.

OCHO. Eso de aplazar medidas no conduce a ninguna enseñanza. Decisión tomada fuera de tiempo no surte efectos y menos cuando padre o madre se echan la bolita.

NUEVE “Deja que venga tu papá” o “Se lo voy a decir a tu mamá”, son, por decir lo menos, evasivas de que termina por reírse el hijo. Deberes aplazados o evadidos, ahí mueren…

DIEZ. El mundo divino de la casa tiene para dar a cada cual no nada más su sitio, sino pilares que habrán de hacer las veces de sobre aviso, sobre todo en momentos decisivos.

ONCE. No hay decisión que no tenga lo suyo, a partir de poner en orden valores vividos en el seno hogareño.

DOCE. En triunfos o fracasos, por lo general, mete su cuchara en buena olla el hogar de procedencia.

TRECE. Ni pensar que todo habrá de salir al pie de la letra, cuando, inevitables, las generalidades y exenciones tienden a confundir.

CATORCE. Nada raro que de un hogar desavenido, resulten tres o cuatro de los hijos ganadores de buena fama.

QUINCE. O de que una casa de buenas costumbres salga un tipo que rompa, en sentido contrario, su buena procedencia.

DIECIEIS. Pero estas son generalidades y excepciones que si deben tomarse en cuenta no es para tomarlas como ejemplos.

DIECISIETE. Lo que se ve en la conducta de los hijos son, ni más ni menos, que su procedencia.

DIECIOCHO. La delincuencia organizada procede de hogares desorganizados. Hay que repetirlo.

DIECINUEVE. Lo que viene de casa, es tanto como la cruz de la parroquia que no puede negarse.

VEINTE. Asistir al duelo, a las consecuencias, con la vaga idea de que no vuelva a repetirse, ya para nada repara hechos consumados.

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