UNO. Apariencias traicionan, sostenían, con pruebas a la mano, voces trilladas de a qué atenerse; la realidad nos mide, contestaban testigos de dichos y hechos.
DOS. El seno del hogar amamanta, al parejo, buena o mala crianza.
TRES. Llegó a oírse que la leche materna resguardaba al crio de achaques cotidianos. Y no pocos afirmaban: éste viene de buena cepa hogareña.
CUATRO. Reglas fueron reglas, impartidas al tino de medidas oportunas de que nadie creció traumado.
CINCO. Ni poner en duda que el trabajo de la mujer ocupa, con mucho, variadas facetas y, día con día, más cargas que horario masculino.
SEIS. Labores del hogar arrancan desde que Dios amanece, y siguen bien entrada la noche.
SIETE. Al niño bien criado se le nota a leguas, dentro y fuera del hogar, incluida escuela u otros espacios públicos.
OCHO. Caso contrario, otro tiempo, la criatura se etiquetaba como mal criado: dos palabras que hacían ver de cuerpo entero el abandono de la casa.
NUEVE. Pero, hasta eso que ahí, dentro del hogar, no quedaba reducida la buena o mala crianza.
DIEZ. Con la ventaja que ofrecía la primera de no dejarse embaucar por cualquier bribón oferente de perlas camineras.
ONCE. La buena crianza permitía ponerse alerta ante cualquier tentación que, por cierto, jamás faltará.
DOCE. Si en la casa no te educan, en la calle te desnucan: y así el policía estaba autorizado hasta para llevar al niño al plantel si lo encontraba en la calle en horas de clases, o después de las diez de la noche en tiempos de carnaval.
TRECE. El lenguaje de niños o niñas daban frutos de proceder de buena crianza.
CATORCE. Ahora, no sorprende que adolescentes luzcan un vocabulario reducido a dos o tres sandeces, antes estrictamente prohibidas, so pena de la pronta sanción.
QUINCE. Porque, afirmaban experiencias, castigo aplicado a tiempo alecciona la vida. Después vale sorbete…
DIECISEIS. ¿Qué pasó entonces y desde cuándo para acá, si nadie está para saber y cuantimenos averiguarlo?
DIECISIETE. Nadie sabe. Nadie contesta. Todos callamos como en apuros de apenas ir trepando torres de babel.
DIECIOCHO. Es así que casi niños y adolescentes ya no se les llama malcriados, sino delincuentes…o presuntos inocentes.
DIECINUEVE. Mientras que no haya posturas responsables en buen número de hogares, la situación, pongamos de seguridad, se hará más larga de encauzarse.
VEINTE. De suerte que la mala crianza, producto de desorganización familiar, sigue corriendo riesgos desmedidos, a la espera de delincuentes organizados en recursos económicos, tecnología y logística, quienes buscan hacer de regla y excepción la misma jeringa con diferente bitoque.