Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Moisés Méndez Alpuín

UNO. Habiendo tanto escándalo en el mundo, que alcanza a justos y pecadores, detenerse en la vida lugareña puede parecer ocioso.

DOS. No lo es. Quienes somos hechos de vecindarios comunes, pese a ver caminos, calles y banquetas atiborrados de celulares acostados, sentados o caminando, estamos seguros de que la vida lugareña es compartida por no pocos ires y venires.

TRES. La memoria tiene mayores reservas cuando se contacta con el medio en que se nace, crece o vive.

CUATRO. Formar parte esa vida de personas enlazadas a varias generaciones, es un privilegio condicionado a disfrutarse sin medias tintas.

CINCO. Ejemplo vivo fue el señor Moisés Méndez Alpuin, quien pese a ser de la década de los treinta, pudo hacer contacto, sobre todo, con generaciones de los cuarenta en adelante del siglo pasado.

SEIS. Su facilidad para conversar le dio cancha de primer orden, dentro de la ciudad de Cunduacán.

SIETE. Nacido en el barrio Cucultiupa,  que comprende desde la casa de don Salomón Ruiz hasta la de don Carmen Burelo, nada tuvo que ver con el significado de este lugar: Templo de los enfermos.

OCHO. Bueno y sano e hijo de los señores Epifanio Méndez y Fortina Alpuín, el señor Moisés Méndez Alpuin nació en la avenida Primero de Noviembre.

NUEVE. Para entonces, los barrios Cucultiupa y Cimatán, eran irreconciliables, tal vez debido al temperamento sácale punta de cimatanes.

DIEZ. Pero, lo que son las cosas: Moisés, hace más de sesenta y siete años, empezó a pretender a la joven Ada Taracena Sastré, él de Cucultiupa y ella de Cimatán.

ONCE. Y así, caminando de barrio a barrio, más de un kilómetro, se hicieron novios y desposaron, procreando quince retoños.

DOCE. Ada Taracena Sastré, entregada de lleno a labores del hogar, y Moisés Méndez Alpuín, de oficio carpintero, todo un artista, además ejecutante de marimba bien calificado según el Maestro Eugenio Flores, hicieron una pareja valorada por sus

hijos y habitantes de alrededores.

TRECE. Moisés, como todo mundo lo conocía, dejó de existir este doce de abril, a los noventa y un años.

CATORCE. Ada asume su papel con resignación y fe, obediente a la voluntad de su arraigada creencia.

QUINCE.  Ambos conocidos y respetados, sembraron confianza y estimación que ahora mismo se hace presente con numerosos vecinos.

DIECISEIS. La versatilidad de Moisés la aplicaba, entre otras cosas, platicando con soltura.

DIECIOCHO. Pero, además, al ejecutar la marimba, sus manos vibraban, ágiles, sin perder una nota.

DIECINUEVE. Esto, junto a su maestría para trabajar la madera, aprendida de don Ramiro Santiago, le merecieron confianza de no pocos hogares.

VEINTE. Ada, con la discreción que le es natural, sin duda que seguirá ocupando lugar de estima en su cuna de nacimiento.

 

 

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