UNO. Los alemanes Daymler y Maybach, hace más de dos siglos, no imaginaron que el “carro de montar” llegaría a ser mandante en espacios tropicales.
DOS. Nada de dar rienda suelta a la imaginación para topar, todos los días y en todas partes, con el dominio que ejercen, de primer desorden, motociclistas, junto a si van uno, dos o cuatro a horcajadas.
TRES. Lo cuestionable o incuestionable es que dominan el ambiente, más que cualquier otro vehículo de seis o más llantas o pasajeros.
CUATRO. La transformación que goza, no sufre, el conductor, vas más allá de suposiciones.
CINCO. Lo mismo en cualquier calle, camino y carretera municipal, estatal o federal, el poder que ejercen sobre plazas hace que el caminante mejor ceda el paso.
SEIS. Les da lo mismo izquierda que a la derecha, si por cualquier resquicio pueden colarse, en dos por tres.
SIETE. Son mandantes que ruedan de golpe y porrazo, ante los cuales hay que cuadrarse.
OCHO. Han ganado todo terreno pareciendo, a estas alturas, sentirse protegidos por quiénes osaran pararlos, pedirles papeles, el casco, señalar si llevan más de dos acompañantes, o documentos.
NUEVE. El dejar pasar el tiempo y lo demás, les ha caído de perlas, a ojos de transeúntes y choferes.
DIEZ. Tan de perlas que, a estas alturas, usuarios proceden, en consecuencia, de generación en generación.
ONCE. EL niño ha poco en brazos de mamá que a su vez iba en ancas de la moto, ahora, ya adolescente, hace sus pinitos manejando quitado de la pena.
DOCE. Y así por el estilo, descuidado el principio de cuándo empezó este caos, a pretexto de una tolerancia sin sentido.
TRECE. A resultas de haber perdido de vista el punto de partida de los hoy considerados motos mandantes, el centro de tamaño problema social hoy no sabemos dónde hallarlo y punto menos que el final.
CATORCE. Principio, centro y final, no pueden con tanta carga de malas prácticas.
QUINCE. Porque es echar culpas sin culpables, en efecto, haber permitido desde “nadie sabe” que cada conductor de moto lo haga como le venga en humores.
DIECISEIS. A estas alturas y bajadas, no se mira por ningún lado una fecha para empezar a corregir plana tan manchada.
DIECIOCHO. No se mira porque, ay de aquella autoridad que cumpla aquello de “hacer guardar” las normas.
DIECINUEVE. De inmediato se armaría la de Dios en Cristo, a montón, por ganancia del desorden.
VEINTE. La cruda verdad es que mandantes votados han quedado cortos, entre motos mandantes que van y vienen como Pedro por su casa, en su “carro de montar”.
