UNO. Diciembre armonioso, que no es del todo; por eso de sentimientos encontrados. En la armonía eterna, hablar es disonancia. No las mismas palabras, pero en ese tono escribió mi poeta de adolescencia, Amado Nervo. Si, el nayarita de la Amada Inmóvil.
DOS. Diciembre almacena emociones y parece conmover a las mismas piedras camino del Nacimiento.
TRES. Este mes conlleva que el lenguaje tienda a ser suave, en lo posible, para no caer en disonancias, a pesar de los pesares.
CUATRO. Ah, diciembre: se puede hablar de todo, prohibido callar: el silencio ofendiera hasta al mismo silencio… Esto lo digo yo.
CINCO. Resulta palpable que en los doce meses del año, la gente opine, no siempre llevada de las mejores causas.
SEIS. Aventar sapos y culebras y esconder manos es el manto protector que día a día estiran, por lo común, redes sociales.
SIETE. A nadie le está vedado opinar, pero a base de ir midiendo el hilo de sus opiniones.
OCHO. Ese hilo que no es de un solo carrete, sino de otros y otros a la vez, con riesgo de ahorcar cuellos.
NUEVE. De modo que, aun con la mayor objetividad, mal podría indigestar la opinión, en cualquier momento, a determinados recibidores.
DIEZ. Obvio que destinatarios hay quienes suelen tener la piel rala, como de pétalo de rosa, entre ellos entes municipales, estatales y nacionales y personas de a pie o automóvil.
ONCE. La opinión les cala quizás por estar atenidos al aplauso de colaboradores y del respetable público ocasional.
DOCE. Tal vez ello se deba a que de ordinario caiga una descalificación general contra quienes simplemente opinan.
TRECE. O porque hay opinantes que cruzan rayas a diestro y siniestro, aventando majaderías sin mirar a quién.
CATORCE. En previsión de malos entendidos, una gran mayoría opina por debajito, a sabiendas de que bocas cerradas no dicen impertinencias.
QUINCE. Otros cuantos, contados, opinan de buena fe, sobre hechos reales y sin necesidad de redes, con el riesgo de ser marcados.
DIECISEIS. Pues pasa que en eso de opinar contados servidores están dispuestos a poner atención en lo referente al interés público.
DIECISIETE. Se da lugar de preferencia a silencios, al punto de tener como ciudadano ejemplar a fulano, zutano, mengano o perengano por el simple hecho de no abrir la boca cuando “lo que no se dice pesa tanto como lo dicho”.
DIECIOCHO. Más notable ahora que estrenamos informes municipales, montados algunos en escenarios fantásticos.
DIECINUEVE. Cada uno subido en su propia tarima, según estilos y maneras de quien maneje la tripulación.
VEINTE. Ah, diciembre, de sentimientos contradictorios y una armonía en que opinar puede ser disonancia.