UNO. El progreso es un cauce, determinado, de efecto lento, que debe dirigirse por remos duchos en su bamboleo.
DOS. No aparece de la noche a la mañana, como remedio inmediato de atrasos habidos y por haber.
TRES. Habrá de asimilarse, en condiciones de ubicarlo dentro del justo medio aristotélico.
CUATRO. Que de repente no se tenga noción alguna de su presencia, puede ser entendible, a cierto límite.
CINCO. Puede serlo en la medida que no pretenda la persona apañar -al progreso- a dos manos sino ordenarlo a su interior.
SEIS. De ello hay ejemplos que, bien ilustrados, pueden colocar papeles en orden.
SIETE. Esto es, que el progreso no sea materia de consumo adictivo, y menos a la inversa: que él consuma de pies cabeza a sus destinatarios.
OCHO. Sobran casos en que el progreso ha sido, meramente, atropellado, pero se devuelve en contra de receptores.
NUEVE. Pongamos, a la ligera, unos cuantos casos, nada más, de cuyas consecuencias hay testimonios vivitos y coleando, a duras penas.
DIEZ. Hablemos o escribamos unas líneas sobre el hoy agudo problema de la obesidad en México. ¿Acaso es ajeno al progreso?
ONCE. Tan cierto como que, de cada diez personas, ocho padecen exceso de corpulencia
DOCE. Tragan sin masticar, a lo loco y porque el mercado de la comida hace caer en la tentación de la inconciencia y falta de sabor de lo atragantado.
TRECE. Devienen entonces secuelas desde luego visibles: la obesidad ya es problema de salud.
CATORCE. Problema cuyo tratamiento va más allá de operaciones que pocos pueden zanjar.
QUINCE. Y de ese tamaño, sobre poco más o menos, no cualquier cosa, es el uso de celulares de persona a persona y de casa en casa.
DIECISEIS. Hoy día nadie está para averiguar desde cuándo celulares han invadido, vaya, el estado de ánimo de niños y grandes. Invadido, a secas.
DIECISIETE. Nadie sabe, endiablada verdad. Pero tampoco quien explique si la comida o la tecnología riñen con el progreso.
DIECIOCHO. Claro que no. Ésta es su complemente. Siempre y cuando no resulte de ello consumos delirantes.
DIECINUEVE. Que se sirva -la tecnología, pues-, a tiempo, no a cualquier edad ni de veinticuatro más veinticuatro; porque, en efecto, ella no duerme y puede absorber al usuario como es ya de sobra a la vista de todos.
VEINTE. Pero el progreso no puede ser palo dado que ni Dios quita, si se usa a tiempo y con conocimiento de causas y cauces. Caso contrario, ver para creer.