UNO. Por angas o mangas, Verdad y Mentira defienden su respectivo terreno sin vestir capas ni levantar espadas. Reconocen confundirse no sólo entre personas físicas sino a entes colectivos.
DOS. Están, a la distancia, convencidas de que chocar entre sí nada agrega a sendos capitales avalados por el tiempo que todo abarca.
TRES. Suelen encontrarse sin tropezones, por lo menos a simple vista, por años de años.
CUATRO. Nada sino de andares cotidianos es hallarlas en la misma banca o banqueta, pero erguidas, meramente, en su fondo y forma de ser.
CINCO. Que sobre el particular hayan degustado pecados Adán, Eva, la serpiente o el manzano, nadie está para dar vuelo a lenguas viperinas.
SEIS. De suerte que, podemos decir, Verdad y Mentira habitúan intercambiar dimes y diretes “en todo tiempo y lugar”.
SIETE. Mentira: -No creas que me adelanto a los acontecimientos. Llego puntual o no llego, por así convenir a mi idiosincrasia.
OCHO. Verdad: -Vaya palabreja, idiosincrasia, si hasta cuesta trabajo su correcta ortografía.
NUEVE. Mentira: -Pero, así como me ves, me miran y oyen cientos y miles de cristianos…
DIEZ. Verdad: -¿Cristianos dices? ¿No te hace pensar que ello es más que una falta de ortografía?
ONCE. Mentira: -“Pienso, luego existo”. De faltas me alimento o, por mejor decir, doy jarabe de pico a Juan primero y su compañero, quien y quienes se atragantan de un buche…
DOCE. Verdad: -¿Pero a qué eso de mencionar para este diálogo la palabra Cristiano?
TRECE. Mentira: -Oye bien esto y no me negarás que el término cristiano, como todo, se ha venido masticando; o que acaso no has escuchado en miles de casas eso de: -Oye cristiano, cuándo diantre vas a componerte, aburrición… Así, a conveniencia de “usos y costumbres”.
CATORCE. Verdad: -Oh, sí que puedes apantallar. Eso mero va contigo y tus seguidores, que cómo se hacen notar en público y privado.
QUINCE. Mentira: -De lo que, convendrás, no tengo el más pequeño aparejo de culpa.
DIECISEIS. Verdad: -Culpas no son chicas ni grandes pero la conciencia pone sobre aviso para bien o mal. Nadie puede afirmar aquello de no haberse dado cuenta.
DIECISIETE. Mentira: -Ni mido culpas ni busco culpables. No me quedaría el papel de juez elegido por endiablados acordeones.
DIECIOCHO. Verdad: -No me gustaría estar, pero ni un jeme en tu lugar: eso de ser devoto de la santa Mentira, es una paradoja.
DIECINUEVE. Mentira: -Ahí estás tú también con palabra rara: paradoja…Todo se da tan a pedir de bocas y en un abrir y cerrar de ojos hasta el sonoro hecho de hacerse guaje.
VEINTE. Verdad y Mentira. Mentira y Verdad, tumbadas en la misma banca, pusieron pies en alma respectiva de personas colectivas y propias.