UNO. No al garete. Cada persona física tiene más que su acta de nacimiento, por eso de padres, abuelos, bisabuelos… Personas colectivas, en leyes correspondientes, son, por lo común, harina de otro costal. Si afirmo y sigo afirmando: más claro que el agua, yerro, dado que aguas están súper contaminadas por obra y gracia no digamos de lagartos y garzas, sino de seres humanos. Echar nomás una miradita, de paso, a nuestra sufrida Laguna de las Ilusiones y las ideas pintan de un verde mugriento.
DOS. Digamos que hay palabras físicas que caracterizan a palabras colectivas, pero con tamaño grado de propiedad que el tiempo les viene, justo, como anillo al dedo.
TRES. Acá, ahora hagamos hincapié y echemos manos de dos. Sólo de dos palabras.
CUATRO. Nadie sabe cuál de ellas ha ocupado u ocupa lugar de preferencias.
CINCO. Hagamos, sin embargo, uso de la imaginación suponiendo que Verdad y Mentira, entre tanto desencuentro, se encuentran casi arranchadas en la misma banca de un parque público, frente a caminantes que van y vienen y así las llevan adentro como no queriendo la cosa. Y que a dichas palabras les da por intercambiar, sin discusión, guiri guiri:
SEIS. Verdad, para empezar, usa su voz: -Mi postura suele no ser cómoda porque, a tanto dale que dale, incomodo…
SIETE. Mentira, tratando de no topar, contesta: -A mí me reciben con pitos y flautas, que yo les asunto sin aturdirme..
OCHO. Verdad: -No te hagas de la vista gorda.
NUEVE. Mentira: -No me hago. Viejos latinos me patrocinan: Lo que natura non da…
DIEZ. Verdad: -De tal palo, tal astilla…como para seducir y creerte.
ONCE. Mentira: -Nunca insisto en tener adeptos ni que me crean un bledo.
DOCE: Verdad: -Pero habrás oído junto a tus ascendientes que decir falsedades es peor que ser cojo de un pie y manco de una mano o escupir diluvios para arriba…
TRECE. Mentira: -Ninguna vejez o novedad que me haga cambiar un milímetro.
CATORCE. Verdad: -Cambios no son a chaleco sino, también, naturales.
QUINCE. Mentira: -Pero yo me adapto a las circunstancias. No soy la misma de ayer ni la que fui antier. Me adapto a simplezas y saborizantes.
DIECISEIS. Verdad: -Dando atole con el dedo entretiene, pero al final se devuelve en contra de quien lo da y lo toma.
DIECISIETE. Mentira: -Entiendes y entiendo. A ver quién más o quién menos. De principio, me reciben de buen grado…
DIECIOCHO. Verdad: -En cambio yo caigo como patada de burro en salva sea la parte.
DIECINUEVE. Mentira: -Y yo enarbolando, en tricolor patrio, mi chile en nogada… “platillo mexicano por excelencia…”
VEINTE. MORALEJA: Verdad y Mentira no se despidieron. Ni falta que les hiciera. Gentes seguían tumbadas en su tren de vida, encarnando a personas colectivas, propias. A ver quién más, quién menos.
HEBERTO TARACENA RUIZ
UNO. No al garete. Cada persona física tiene más que su acta de nacimiento, por eso de padres, abuelos, bisabuelos… Personas colectivas, en leyes correspondientes, son, por lo común, harina de otro costal. Si afirmo y sigo afirmando: más claro que el agua, yerro, dado que aguas están súper contaminadas por obra y gracia no digamos de lagartos y garzas, sino de seres humanos. Echar nomás una miradita, de paso, a nuestra sufrida Laguna de las Ilusiones y las ideas pintan de un verde mugriento.
DOS. Digamos que hay palabras físicas que caracterizan a palabras colectivas, pero con tamaño grado de propiedad que el tiempo les viene, justo, como anillo al dedo.
TRES. Acá, ahora hagamos hincapié y echemos manos de dos. Sólo de dos palabras.
CUATRO. Nadie sabe cuál de ellas ha ocupado u ocupa lugar de preferencias.
CINCO. Hagamos, sin embargo, uso de la imaginación suponiendo que Verdad y Mentira, entre tanto desencuentro, se encuentran casi arranchadas en la misma banca de un parque público, frente a caminantes que van y vienen y así las llevan adentro como no queriendo la cosa. Y que a dichas palabras les da por intercambiar, sin discusión, guiri guiri:
SEIS. Verdad, para empezar, usa su voz: -Mi postura suele no ser cómoda porque, a tanto dale que dale, incomodo…
SIETE. Mentira, tratando de no topar, contesta: -A mí me reciben con pitos y flautas, que yo les asunto sin aturdirme..
OCHO. Verdad: -No te hagas de la vista gorda.
NUEVE. Mentira: -No me hago. Viejos latinos me patrocinan: Lo que natura non da…
DIEZ. Verdad: -De tal palo, tal astilla…como para seducir y creerte.
ONCE. Mentira: -Nunca insisto en tener adeptos ni que me crean un bledo.
DOCE: Verdad: -Pero habrás oído junto a tus ascendientes que decir falsedades es peor que ser cojo de un pie y manco de una mano o escupir diluvios para arriba…
TRECE. Mentira: -Ninguna vejez o novedad que me haga cambiar un milímetro.
CATORCE. Verdad: -Cambios no son a chaleco sino, también, naturales.
QUINCE. Mentira: -Pero yo me adapto a las circunstancias. No soy la misma de ayer ni la que fui antier. Me adapto a simplezas y saborizantes.
DIECISEIS. Verdad: -Dando atole con el dedo entretiene, pero al final se devuelve en contra de quien lo da y lo toma.
DIECISIETE. Mentira: -Entiendes y entiendo. A ver quién más o quién menos. De principio, me reciben de buen grado…
DIECIOCHO. Verdad: -En cambio yo caigo como patada de burro en salva sea la parte.
DIECINUEVE. Mentira: -Y yo enarbolando, en tricolor patrio, mi chile en nogada… “platillo mexicano por excelencia…”
VEINTE. MORALEJA: Verdad y Mentira no se despidieron. Ni falta que les hiciera. Gentes seguían tumbadas en su tren de vida, encarnando a personas colectivas, propias. A ver quién más, quién menos.