UNO. Detalles son pormenores, obvio, que, al dispersarse, pueden devenir en pormayores, valga, con sus pros y contras. Unos y otros no difieren, ni han de mirarse con el rabillo del ojo.
DOS. Desde luego, la divisa latina de “Soy humano, nada de lo humano me es ajeno,” sin estar a la mira de quien y cuentimenos de su autor ((Publio Terencio Africano, 165 a C), conserva presencia de verdad histórica y no excusa al más evasivo. ¿Me explico?
TRES. En la misma vida, detalles hormiguean, a veces pormayores, entre pecho y espaldas, a la vista y demás partes del organismo personal y social.
CUATRO. Son detalles y qué, diría el más encumbrado constructor de realidades horizontales, verticales, calles o edificios y así por el estilo.
CINCO. Y qué y qué, como si la expresión, machacada, no contara más allá de ocurrencias de antemano percibidas o desapercibidas.
SEIS. Y es que, detalles, no son garbanzo de a libra que cayera fastidiando tal como piedra en riñones.
SIETE. No suelen ocultarse a la vista de constructor y de transeúntes y vecinos. Un ciego, perdón, puede tropezar con ellos.
OCHO. Aparecen como engendro de descuidos concelebrados.
NUEVE. No hacerles caso para nada, puede ocultarlos de momento o rectificarlos a última hora y a medias.
DIEZ. Son, los detalles, tan visibles, que tomarlos en cuenta al punto garantizan valoración colectiva de proyectos.
ONCE. Aparecen dentro y a cierta distancia de la obra durante la realización de ésta y, de inmediato, con posterioridad.
DOCE. Pongamos, en términos generales, la limpieza que es más que atuendo de los detalles.
TRECE. Tanto así, que éstos influyen no sólo en el estado de ánimo de operarios sino de vecinos y transeúntes.
CATORCE. De no atenderse, como suele pasar, la obra va acumulando una desaprobación callada, escandalosa, paradójica
QUINCE. Ahora que, si estos detalles pasan de lo particular a lo general, dejan de ser pormenores y aumentan en pormayores.
DIECISEIS. Un hueco por aquí y otro y otro parche allá, dan mucho de qué mal desear y maldecir, sin regateos de buenas intenciones.
DIECISIETE. Si buenas intenciones de la autoridad se echan en saco roto, la intrascendencia no podrá llenarse con pitos y flautas al momento de inauguraciones.
DIECIOHO. Por si fuera poco, en los alrededores de la obra pueden estar las troneras como prolongación de detalles al pormayor.
DIECINUEVE. Mal y de malas, el ambiente puede chocar en todos sentidos, con independencia de un hoyo o miles de metros cuadrados.
VEINTE. Lo preocupante es que la suciedad, traducida en detalles, específicos o pormayores, se revierte en contra de autoridades pagadas de contento sin precedente (sic).