UNO. Paréntesis literal: me andaba por Gabolibros y en ambiente natural, de cultura, adquiero LA MONTAÑA MAGICA, del prolijo germano THOMAS MANN, “obra cumbre de la literatura universal”. Menuda tarea de 1047 páginas en letras medianas.
DOS. Pero leer no empalaga: es alimento y medicina sin contraindicaciones.
TRES. Empiezo a leer la obra centenaria y enseguida fui llevado con calmita a la página 55, lapicero en mano, haciendo algunos subrayados. Este, en especial, supone a uno de sus personajes favoritos, con posibles de ser “profano destructor de viejos edificios y de bellos paisajes…”
CUATRO. ¿y por qué el paréntesis literal que ahora cierro? Tengo que responder, desapasionado.
CINCO. Aquí va. Las dos palabras que ahora no quiero repetir, hubieron de figurarme testa a testa con al señor Román Meyer, extitular de la SEDATU.
SEIS. Igual aquello de haber sido etiquetados por el gobierno federal a Cunduacán, más de doscientos millones de pesos, para obras en la cabecera municipal.
SIETE. Lo más visible fue relacionado con el parque central, de aproximadamente veinte mil metros cuadrados.
OCHO. Data por lo menos de los años veinte del siglo pasado, frente a La Parroquia de la Natividad, quiosco en medio, a lo largo un paseo de árboles y grama remolino -nadie pronunciaba boulevard- y, al final, el Monumento a la Bandera.
NUEVE. Niños de los cincuenta jugábamos a escondidas, aprovechando dos claraboyas alrededor del quiosco.
DIEZ. El año de 1958, el antiguo parque fue sustituido, acarreando materiales del moribundo Río Cunduacán.
ONCE. Luego, el trienio 1974-76, presentó un cambio total, coherente, con rosadas losetas traídas de Guanajuato.
DOCE. El parque hasta ahí estaba de lo mejor, arcos de ladrillo quemado y espacio para juegos infantiles, y luego tobogán de los años 1983-85.
TRECE. Por el año de 1999, increíble, con recursos estatales, losetas fueron arrancadas una por una y/o cubiertas con vil cemento roñoso.
CATORCE. Vecinos y habitantes, sentíamos que, pese a todo, el parque preservaba su valor histórico.
QUINCE. Pero hete aquí que, controlada la Pandemia, allá por 2021, llegan para obras urbanas cientos de millones de pesos, manejados por la SEDATU.
DIECISEIS. Como Pedro por su casa, sin permiso pues, empieza la SEDATU a derribar todo: Arcos que son parte del origen de Cunduacán, jardineras, tres quioscos, ah, el tobogán de nostálgicos recuerdos.
DIECIOCHO. Sentimos hondo el daño perpetrado al corazón de la ciudad, incluso la reducción de cuatro calles paralelas.
DIECINUEVE. Alzamos la voz cinco o seis ciudadanos. Nadie, lo que se dice nadie, atendió.
VEINTE. Gracias, Thomas Mann, por llamar a capítulo a Román Meyer, quien por supuesto pasará la Vía Corta a supervisar sus aulas en Paraíso. Gracias. La memoria colectiva no lo olvidará. En buena hora que la actual administración empieza rectificando el doloroso ultraje.