Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Todos Perdemos

UNO. Suciedad es palabra aguda, de acento prosódico: desorden, pues, a ciencia y paciencia de quienes avientan y quienes recogen. Limpieza es orden, discreto, efectivo y sin tiraderos. En el desorden todos perdemos. En el orden, ganamos.

DOS. Acostumbrarse al desorden, mal parece vestir de galas chillonas, por simple y mentirosa comodidad.

TRES. Del desorden consiguen derechos de autor, personas, animales y cosas, exentas de responsabilidades.

CUATRO. Se ha venido apoderando, la suciedad, de cada milímetro y, así, toda lista de malos ejemplos hace, en trayectos, rempujón, tropiezo y el que tenga más saliva traga más pinol…

CINCO. De banqueta a calles, no pocas cabeceras municipales y caminos tabasqueños, lucen etiquetas de suciedad. Antes, y más, después de homenajes o fiestas oficiales. (Mi querido Jalpa es de esos pocos ejemplos aproximados a orden urbano en Tabasco).

SEIS. Ronchas, meramente, que no se han dado de un día para otro, ni por casualidad.

SIETE. La suciedad, punto por punto o general, es tan entrada en años que parece haber adquirido licencia para conducir costras a diestro y siniestro, que la confirman.

OCHO. Ello, sin duda, influye en el enflaquecido estado de ánimo de transeúntes y vecinos.

NUEVE. A tal punto que, en un momento dado, a nadie parece importarle. Y ahí la llevamos, quitados de la pena, divertidos, entre otros desperdicios, con la basura a granel.

DIEZ. La llevamos, hasta convertir el desorden en suma de reglas que, por lo visto, pesan un comino.

ONCE. “Caballero de triste figura” que por ahí va, desmontado de su importante penco, es el progreso.

DOCE. El progreso, pues, nos atañe, sin discriminación de ninguna índole, y por ello no debemos seguir esperándolo de una persona por mucho poder que vista y calce.

TRECE.  No más que el progreso está condicionado a la imagen del orden y éste, de continuo, suele ser en atrapado en complacencias que tienden a dañarlo.

CATORCE.  Tan cierto que, sin el mayor análisis histórico o actual, hemos de convenir en que sin orden no hay progreso, aunque la afirmación suene anacrónica.

QUINCE. Pero es que, sobre todo de un tiempo para acá, el orden se ha dado de topes con el desorden dominante.

DIECISEIS. El orden en postura tranquila, de apariencia estática, en tanto que el desorden va echando zarpasos.

DIECISIETE. Porque el primero está ocupando cada vez menos lugar.

DIECIOCHO. En tanto que el desorden corre, a ciencia y paciencia de ciudadanos y autoridades.

DIECINUEVE. Es de vistas opacas no reparar en que, a expensas del desorden, todos estamos en la mira.

VEINTE-Que con el orden ganamos, a condición de sacudirlo, cuidando que su sitio no siga allanado por la recurrencia del desorden, bajo cuyo imperio todos perdemos.

 

 

 

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