Análisis y Comentarios
Heberto Taracena

Heberto Taracena

Desde acá

Uf, Lealtad, Capacidad

UNO. La política es un campo promisorio, seductor, en donde sentimientos parecen juntarse y a la vez confundirse y separarse. Luces y sombras avalan realidades, personificadas, en movimiento.

DOS. Se juntan sentimientos, al piso de templetes y     pasos de multitudes.

TRES. Se confunden -sentimientos, otra vez- a la entrada de asistentes, al final del discurso y en momentos de salidas, hasta separarse para apostar cada quién a mejor suerte.

CUATRO. En ese campo de muchas bandas, como los buenos, la política hace a sus anchas y largas, por ser tan noble y generosa. Se ofrece, pero no es la ofrecida.

CINCO. Todo que ver con el comportamiento de políticos de arriba, en medio y abajo, entre el dime que yo te diré de ida y vuelta, incluidos ciudadanos. Que también el pueblo habla, por veces callando. No fácil de comprender, en medio de tantos juegos y fuegos de pasiones.

SEIS. Su nobleza permite divergencias, con reparos que, pese a todo, tumban y levantan.

SIETE. Divergencias que, de continuo, pueden negociarse, en pos de, quien diría no, superiores intenciones.

OCHO. Bueno, luego luego el voto hace lo suyo, para que el triunfo aparezca de lo mejor la tarde noche de la elección.

NUEVE. Pero días previos, el candidato, que no piensa perder, enzarza palabras que valen la pena subrayarse.

DIEZ. Unas de ellas y que se dan, en paralelo, consisten en anunciar como principio de primera dos perfiles de quienes podrían ser colaboradores.

ONCE. Dos características tomadas hace poco muy en serio: LEALTAD, NOVENTA POR CIENTO. CAPACIDAD, DIEZ.

DOCE. Ambos atributos sin darles, por cierto, su debido significado.

TRECE. En el lenguaje de políticos, la lealtad se tiene como aldabilla cerrada a la traición.

CATORCE. Sinónimo único y casi perfecto de fidelidad.

QUINCE. O sea que, si queda el nombrado bien con el funcionario que suscribe el nombramiento, los demás podrán ser los de menos. Esto es, aunque los santos se enojen…

DIECISEIS. Olvidando que la palabra lealtad, en su origen, remite, entre otras connotaciones, a “la cualidad de respetar la ley y las normas”.

DIECISIETE. Lo que no es mucho pedir, cuando se la condiciona al noventa por ciento, y el lenguaje toma significados a leal entender de quien hace uso de facultades.

DIECIOCHO. Pero no debería de distanciarse, la lealtad, con el diez por ciento que se pide de capacidad.

DIECINUEVE.  A riesgos de que lo entienden de unas maneras emitentes y, de otras, oyentes.

VEINTE. De donde bien podrá cumplirse, aplicando a su medida la lealtad, a fin que su remanente, capacidad, venga como anillo al dedo, por complemento o añadidura.

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