No fue un mitin tradicional….

Admin DIARIO DE TABASCO
02/12/2018 | 00:00:12

Llegaron por sí mismos, desde los 4 puntos cardinales: de Tlaxcala, Michoacán, Zacatecas, Guerrero, Oaxaca... y miles los de Tabasco para aplaudir a AMLO Presidente

Se colocó una pañoleta en la cabeza y levantó el puño al iniciar el Himno Nacional.
No es septiembre, pero si hay temblor.
Roberto “N” -me dice- en alusión a los anónimos, levantó la mano y le tembló la voz, miles le siguieron. Una niña abrazó a su padre, mientras su madre se estremecía a ojos llorosos.
Es el zócalo capitalino, la bandera luce resplandeciente y ondea, mientras en las pantallas miles observan al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, con la banda presidencial.
Todos cantando el Himno Nacional mexicano.
Cristopher Josué Ramón Alavera y su papá, fueron de los primeros en llegar a la plancha del zócalo capitalino. Es un choquito del municipio de Cárdenas.
“Nunca he visto un cambio de gobierno y menos que sea un tabasqueño el presidente” dice, mientras reflexiona sobre la posibilidad de que los niños de Tabasco dejen de soñar en ser bomberos o astronautas de grande, para soñar mejor con ser presidente.
En la puerta de Palacio Nacional, en punto de las siete de la mañana, Julia Klung, la guatemalteca nacionalizada mexicana y que inició su lucha primero contra curas pederastas, tomó plaza.
Con una severa infección en la garganta, reconoció: “Estoy malísima, pero me vale madres, nos los chingamos, tenemos presidente legítimo” y ondeó su bandera.
Este no fue un mitin tradicional, como los cientos que protagonizó AMLO en sus 18 años de camino.
Llegaban sí los mismos, desde los cuatro puntos cardinales. Venían de Tlaxcala, de Michoacán, de Zacatecas, de Guerrero, de Oaxaca, miles los de Tabasco.
Este fue un mitin con un Andrés Manuel López Obrador, ya con la banda presidencial en el pecho.
Por eso, Roberto se emocionó al máximo. Por eso, levantó el puño, como cuando el segundo sismo del 19 de septiembre que significa guardar silencio y escuchar a quien podría estar bajo los escombros. Por eso, hizo llorar a muchos.
Por eso al terminar el acto, seguía con el puño en alto como el poema de Juan Villoro:
“El que es de aquí//El que acaba de llegar//y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir//tú y yo y Pedro y Marta//y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz//ni agua. El que todavía respira//El que levantó un puño//para pedir silencio. Los que le hicieron caso //Los que levantaron el puño//Los que levantaron el puño//para escuchar si alguien vivía”.

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