Don Pedro, un carpintero de 56 años, y su esposa Petrona vivieron sin techo por 11 años, y aunque habían perdido la esperanza de tener un hogar, hoy están en una casa capaz de soportar sismos, inundaciones, e incluso, las altas temperaturas de Tabasco, gracias a que fue construida con tecnología en impresión 3D y ecoblocks.
Como ellos, otras 64 familias de Tecoluta, una zona indígena Yokotán, situada en el municipio de Nacajuca a unos 35 kilómetros de Villahermosa, fueron beneficiadas con este tipo de vivienda, la cual tiene un costo de 35 mil pesos cada una, cifra que pagarán en siete años con mensualidades de 400 pesos.
Estos hogares sustentables fueron auspiciados por New Story, una organización sin fines de lucro con sede en San Francisco, Estados Unidos, que se enfoca en brindar soluciones de vivienda a comunidades en extrema pobreza, en sociedad con Échale, una empresa de producción de viviendas de interés social en México.
También intervino Icon, una empresa de tecnología para la construcción, ubicada en Austin, Texas, mientras que el gobierno municipal donó el terreno.
“El proyecto surge de la mano de tres compañías que se asocian con la misión de combatir la escasez de viviendas, para llegar a poblaciones marginadas que se encontraban en condiciones de pobreza extrema”, dijo a EL UNIVERSAL Jason Sosa, representante de la fundación Échale.
Para las 65 familias beneficiadas, sus nuevos hogares son como un regalo de Navidad, pues se trata de la primera zona habitacional en México con casas con tecnología de impresión 3D. El proyecto inició en 2019; sin embargo, por la pandemia del Covid-19 se extendió un año más.
Del total de casas, 10 fueron construidas en 3D y resisten temblores de hasta 7 grados en la escala de Richter; las 54 restantes fueron concluidas con ecoblocks, un material sustentable.
Pedro y Petrona recibieron su nueva casa hace dos semanas y se trata de la número cuatro, y aunque todavía no cuentan con el servicio de agua potable, ni luz, comentan que son felices.
Por su parte, Patricia Muñoz es madre soltera, tiene tres hijos adolescentes y vive con 18 familiares más, entre ellos sus padres y sus abuelos, además, estudia su lengua madre, el yokotán.
Ella todavía no ha ido de compras por sus enseres y esa es la razón por la que aún no habita su nueva casa.
También Isela Hernández y su familia son parte de los beneficiados; antes vivía en una casa hecha con láminas y troncos de tinto que le ofrecieron sus suegros.
“Es un sueño hecho realidad y mis hijas están felices limpiando la nueva casa. Durante muchos años fue insoportable vivir entre las inundaciones”, refirió.
